martes, 16 de noviembre de 2010
Están bajo aviso
lunes, 9 de agosto de 2010
Miserable 2.0
viernes, 21 de mayo de 2010
Por un país mejor
miércoles, 25 de noviembre de 2009
Blog de Notas 7
2) Cada cumpleaños, los regalos que cambio superan ampliamente a los que me quedo.
3) El viaje en tren o en los viejos vagones de subte de la línea A tienen un encanto que ningún otro medio de transporte podrán superar jamás.
4) El hombre que llama al auxilio mecánico para que le cambie una goma pinchada será considerado morfeta. Quedan exceptuados aquellos que al momento del incidente se encuentren bien vestidos por compromisos laborales o sociales y deban conservar la total pulcritud de sus prendas.
5) El helado se come de a cuartos. Todos los vasos de menor capacidad deberían eliminarse del mercado.
6) Una ensalada no cuenta como almuerzo, es tan solo un acompañamiento.
7) No puedo superar la manía de que el volumen, ya sea en el mp3, el stereo del auto o la computadora, esté en un número par.
8) Basta de los pelotudos con paraguas tipo sombrilla, de 2 metros de diámetro. Un día de estoy se le voy a meter en el orto a alguno.
9) Cuando se acerca el final del año, uno empieza a escuchar la frase pelotuda de cabecera, que es “el año pasó volando”. No se como no se dan cuenta que todos los años repiten la misma boludez.
10) Es de recontra putazo mascador de bultos usar valija con rueditas. .
jueves, 29 de enero de 2009
El que se fue a Sevilla ...
jueves, 20 de noviembre de 2008
Que nunca te pase
lunes, 17 de noviembre de 2008
Blog de Notas 4
Y aquí vamos:
1) Me gusta los celulares sencillos, nada de música ni fotos. Para eso tengo mi cámara y mi reproductor de mp3. Eso si, un celular sin tapa no garpa nada.
2) Cualquier similitud entre el pacto CC-UCR y la alianza de Chupete, Chacho y la Meijide, no es pura coincidencia.
3) Me parece terriblemente pelotuda esta idea de poner cabinas en los colectivos para que los choferes queden a salvo de los chorros. ¿Y los pasajeros que onda, qué nos caguen robando?
4) Los hippies deberían empezar a preocuparse pues San Telmo está cada vez mas parecido a Palermo y lentamente se está llenando los tan palermitanos “restoranes de autor”, casas de ropa “de diseñador” y los fundamentales “locales de objetos”.
5) Me genera una excesiva bronca el hecho de que algunas líneas de colectivo tengan un servicio tan desastroso mientras que otras, por el mismo precio del boleto, te dan un servicio del primer mundo.
6) Y hablando de colectivos, debo expresar mi total admiración para aquellos choferes de la línea 132 que manejan esas colectivos nuevos, que tienen el doble de largo que los comunes y se articulan con un fuelle en el medio. Si a duras penas uno puede circular con el auto por el microcentro porteño en hora pico, imaginen la magia que hay que hacer para andar con uno de esos y no pegarle a nada/nadie.
7) Mi fisuré una mano jugando al fútbol. No me pusieron yeso pero me duele como la puta madre y además estoy condenado a un par de meses sin fútbol.
8) Ahora que el petróleo bajó de U$S 160 a U$S 60 estaría mas que bueno que baje la nafta pero como argentinos todos sabemos que eso nunca va a pasar.
9) Si a alguna le quedaban dudas de que este país ya no tiene ni un atisbo de seriedad puede reparar en el hecho de que el gordito fue designado como técnico de la selección nacional del fútbol por el corrupto de Don Julio, que siempre lo criticó pero que ahora echó mano del impresentable para ver si puede currar un par de años mas en la AFA.
10) Este blog se fue a la mierda pero sigo escribiendo igual porque me la banco.
viernes, 8 de agosto de 2008
Tres preguntas
viernes, 13 de junio de 2008
El melli pregunta
jueves, 29 de mayo de 2008
De movida
Nada, absolutamente nada de lo que ocurra después puede inventir la tendencia. Cuando ya de mayor, escribas tus memorias, sin duda vas a recordar ese dia y largarás una interminable sucesión de puteadas y maldecirás la imprudencia con que se manejaba por aquellos tiempos.
lunes, 7 de abril de 2008
Ratas
Ahora, a los reverendos hijos de un camión cargado de putas regarchadas por un container de porongas africanas que no te dejan leer el "La Razón" que recibieron gratis en la estación del tren/subte hay que golpearlos. Si, leiste bien, golpearlos. Arrancar a las trompadas, de una, sin mediar palabras. Miserables inmundos, se los dieron gratis y que otro mire un poco no creo que les haga nada.
Y ahora están avisados. Si suelen utilizar las líneas B o D del subte o las líneas 24, 80 o 146 y son unas de estas porquerías humanas, tengan cuidado. Un justiciero anda suelto.
lunes, 25 de febrero de 2008
Anecdotas de viajes

Resulta que Metrovias organizó un concurso literario en el cual invita a sus lectores a que envíen sus "Anécdotas de Viajes" y piensan premiar al ganador con $ 3.000. Como yo soy un eximio escritor (?), observé en este concurso la posibilidad de alzarme con unos pesitos extras como para pasar el invierno (aunque todavía estemos en verano).
Ideas no me van a faltar, porque con lo mal que viajamos en los subtes de mierda que tenemos, cada día hay una anécdota nueva. Es como un chiste, pero de mal gusto. Viajamos para el culo y encima nos toman el pelo. Pero ojo, Metrovias nos hace viajar como ganado pero como es una empresa muy pro nos pone Wi-Fi en las estaciones (la verdad, envidio al corajudo que se anime a sacar una notebook o una laptop en un medio de transporte público) y organizan diferentes concursos culturales (fotografía, literatura, etc.).
El momento complicado llegó a la hora de elegir cual de las anécdotas narrar. Se me ocurrió hacer un relato a cerca del día que los infelices de los empleados de Metrovias estuvieron de paro y yo me tomé el 24 para ir a laburar y estuve 1 hora y 45 minutos arriba del bondi. Pero después me di cuenta que iba a terminar hablando mas del colectivo que del subte y entonces no iban a elegir mi historia.
Pensé en contar la historia del Minotopo. Ser mitológico, mitad hombre mitad topo, que habían ideado los "creativos" de Metrovias. Este mito, que era una adaptación porteña de otro griego (si no me falla la memoria) fracasó rotundamente, porque obviamente no se puede crear un mito de arriba hacia abajo sino que el proceso se de en sentido inverso. En mi idea, el minotopo, encolerizado con los directivos de Metrovias que no le hicieron una buena campaña de prensa, ahora busca venganza. Recorre los túneles de los subtes y devora impiadosamente a los empleados de seguridad, que en vez de hace su trabajo (capturar chorros), charlan con el tipo del puesto de diarios, relojean culos y mandan mensajitos de texto. La idea se pinchó cuando descubrí que de anecdótico no tenía nada, sino que en realidad era más bien una leyenda y no un relato real de un suceso que me hubiese ocurrido.
Entonces vino a mi mente la idea de relatar sobre una tarde que la que el subte funcionaba con demora. Los minutos y el subte no sale. Los pasajeros, impacientes, comienzan a reclamar. De momento se oye por los altoparlantes que el servicio ha sido "interrumpido". Es entonces cuando una manada de desaforados usuarios de subte arremete a patadas contra la boletería de la estación Leandro N. Alem y profieren insultos contra los dueños de Metrovias y el Jefe de Gobierno porteño. Finalmente, la situación se calma, la empresa reintegra el dinero del pasaje o entrega una tarjeta por un viaje y la gente se retira, puteando por lo bajo, a tomarse un colectivo. La historia era buena, concreta, pero se veía seriamente dañada la imagen de Metrovías, así que finalmente esta opción fue descartada.
Finalmente me iluminé, pensé. Voy a escribir sobre un subte que desaparece súbitamente. Una tarde una formación se pierde dentro de un túnel y nadie puede hallarla. Los encargados del subte buscan soluciones desesperadas. Entonces, un funcionario de poca monta aporta una idea que es descartada de cuajo por la cúpula de la empresa. El pibe, desanimado, se enamora de una chica que lo convence de que debe salvar a esa gente. Este, entonces, acude a la ayuda de un científico loco venido a menos que logra descifrar el enigma y descubre la forma de traer a la formación perdida de la dimensión paralela en la que se encuentran. Allí parten, acompañados de una niña y de un perro (porque los niños y los perros hacen mas emotivos los relatos) y después de mucho insistir son escuchados. Finalmente rescatan al subte perdido. Al viejo le dan un premio, el pibe recibe un ascenso y se come a la minita y el perro, bueno, no se, al perro se lo come el minotopo (aunque eso era de la otra historia). Era todo muy bueno, hasta que me di cuenta que se parecía demasiado al guión de la película Moebius y me quede en bolas nuevamente.
Me acordé de tanta gente que me había contado que le habían choreado en el subte. A mi por suerte nunca me pasó (me chorearon en muchos lados y de muchas formas, pero por ahora en el subte estoy virgen) pero de tanto escuchar relatos parecidos me lo sabía como si la historia fuera mía. Entran dos pibes al vagón, con pinta de pibe chorro. Casaca de fulbo (no fútbol, y si es de algún equipo groso de afuera mejor), bermudas, llantas de $ 400 que nadie sabe como pagaron, claritos, gafas negras y la gorrita con la visera para arriba (para que se vea el flequillo con los claritos). Uno de ellos se pone a su lado con una chica que va charlando con una amiga y carga una mochila por su espalda. Y ustedes saben como son las mujeres cuando se compenetran en una charla, puede pasarles un avión por al lado que no se enteran. El punga abre sutilmente la mochila de la chica. Llega a la estación y se baja. Entonces entra en acción su amigo/socio/cómplice/secuaz. Se acerca sutilmente y mete la mano (que llevan cubierta con una campera para caretearla) y sustrae algún elemento de valor (o varios). Llega a la parada y se baja. Rato después la mina se aviva, putea, llora. Pero ya es tarde. Todo venía bien, pero algo malo iba a pasar. Y lo malo, justamente, es que en esta historia ganan los malos. Y nadie le gusta que ganen los malos. Entonces la deseché.
Cuando ya me iba resignando pensé en escribir sobre un vengador anónimo. Un superhéroe que recorría las distintas líneas del subte haciéndose eco de los reclamos de los usuarios que los hijos de puta de Metrovias no querían oír. Este paladín de la justicia recorría las diferentes estaciones golpeando hasta el hartazgo a los boleteros que se negaban a entregar el vuelto a los pasajeros por falta de monedas. Pero después pensé (aunque no lo crean) que si algún día llego a masacrar a uno de estos hijos de puta por no venderme mi boleto, el relato podía ser usado en mi contra en un posible juicio.
Finalmente, acá sigo, encerrado en esta inmunda oficina, pensando sobre que mierda puedo escribir
viernes, 22 de febrero de 2008
Sueños rotos
Después del altercado con el boletero del Ferrocarril San Martín de la semana pasada, hoy tuvimos un nuevo inconveniente que ya mismo les paso a comentar.
Como cada mañana me dirigí a tomar el colectivo 24 con el que viajo al trabajo. Dado que sale desde Villa del Parque tengo la suerte de poder viajar sentado. En el ritmo de vida que llevo hoy en día, cada minuto que tengo para dormir es preciado. Por tanto, viajar sentado equivale a viajar durmiendo. Son 45 minutos de yapa.
De repente me despierto, sobresaltado, mientras siento una mano tocándome el hombre. BOLETO, me dice el chancho, con mala y un tono seco como lengua de gato. Supongo que ya me lo habría pedido, pero yo no lo había escuchado por obvias razones. Tardé unos segundos en reaccionar. Miré y acabábamos de cruzar Pueyrredón. El muy hijo de puta me había robado 10 minutos de mi sueño. ¿Con que derecho? ¿Como lo despiertan a uno así de su reposo, tan solo para pedir un boleto? ¿Dónde se ha visto tal atropello a la razón?
Ya de mal humor, comencé a buscar mi boleto. Vaya uno a saber en que bolsillo lo había dejado. Mientras tanto el chancho prosiguió con su tarea de fastidiar pasajeros hacia el fondo del colectivo. Después de revolver un poco, encontré el bendito boleto. Entonces, con mi mejor cara de culo, esperé que viniera por mi. Pero nunca lo hizo.
¡El infeliz me despertó para pedirme el boleto pero nunca volvió para chequear que yo lo tuviera! ¡Infeliiiiiiiiiiiiiiiiiiz! Cuando terminó con lo suyo se quedó paradito adelante. A mi ya me faltaba poco para bajar. Entonces pensé en ir a decirle "tomá, acá tenés tu boleto" y acto seguido tomar la birome con la que marcaba los boletos y clavársela en un ojo. Total mi asiento carecía de sentido una vez que me habían despojado de mi sueño.
Pero, con que sentido, si el daño ya estaba hecho. Y era irreparable.
jueves, 14 de febrero de 2008
Arrancamos mal
Dado que era muy tarde y quería llegar a tiempo a mi clase decidí tomarme el tren y el subte en lugar de mi habitual colectivo. El recorrido era ferrocarril San Martín, desde Villa del Parque a Chacarita y ahí el Subte B, desde Dorrego hasta Alem. Mientras iba a la estación sentí que sonaba la campanita de la barrera. Corrí casi dos cuadras como un boludo porque el tren que venía era el que iba para el otro lado. Esto aumentó mi fastidio.
Pero el problema llegó cuando quise comprar mi boleto. Como esta tarde tengo cierta necesidad de volver rápido a casa, pienso repetir los medios de transporte por lo que pedí un boleto ida y vuelta a Chacarita. Eran $ 1,20, le di $ 5. A continuación voy a intentar transcribir la conversación que tuve con el boletero, esforzándome por recordarla tal cual fue para no alterar la esencia de la misma.
Yo: Buen día (si, soy educado). Ida y vuelta a Chacarita por favor (muy educado).
Boletero: ¿Tendrás 20 o 25 centavos?
(me fijo)
Yo: No, tengo 15 si te sirven.
Boletero: No, está bien. Entonces te voy a tener que dar solo ida.
Yo: No, bueno, no de mes las monedas
Boletero: Es que pasa mucha gente por acá (ya con un evidente mal humor).
Mientras el hablaba, yo pensaba: “Idiotaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, no quiero que después me devuelvas los 30 centavos miserables, solo quiero el puto boleto ida y vuelta”
Yo: Sabés que pasa, después a la tarde en Chacarita me como 15 minutos de cola.
Boletero: Y es que si no colaboran con las monedas.
Mientras tanto me da el boleto solo de ida y mi vuelto. Me siento invadido por una ira terrible y ya que no colaboro con las monedas al menos quiero colaborar con la sociedad de otra forma y cagar a trompadas a este pelotudo. En otra ocasión me hubiese puesto a discutir media hora, pero estaba apurado.
Salí de la estación con la idea de cambiar mi moneda de un peso por dos de 50 centavos. El infeliz de la remisoria me las negó. Por suerte el pendejo del ciber se copó y salvo una vida.
Volví, satisfecho a la boletería.
Yo: ¿Ahora puede ser ida y vuelta? (mientras tanto, y con mi mejor cara de orto, deslizo los 60 centavos sobre el mostrador)
Boletero: Dame el otro boleto
Yo: Tomá
Boletero: Servite
Yo: … (se me acabó la buena educación ya a esa altura)
La conclusión que me deja todo esto es que las empresas privatizadas dejan ganancias de empresa privada a dueños particulares pero siguen funcionando como estatales y muchos de los pajeros que trabajan son igual de inútiles que los ñoquis que quería echar Macri.
viernes, 21 de diciembre de 2007
Microcentro
La aglomeración infernal de gente es uno de las principales armas con las que cuenta esta jungla de cemento. Su efecto “malhumorizador” se ve potenciado por el calor del verano. Las veredas siempre atestadas de gente (y siempre rotas), llenas de motos mal estacionadas, de gente apurada que no mira por donde va. Todos de mal humor, cada uno intentando llegar a tiempo vaya uno a saber a donde. Caminar sin ser envestido resulta más difícil que tirarse a la pileta y no mojarse.
Y si sobre las aceras todo es un caos, en la calle el panorama es más desolador. El congestionamiento es constate, desde las 8 hasta las 20. Son 12 horas de caos vehicular, de colectivos pasando al borde del cordón (y al borde de decapitar a algún peatón), de autos estacionados donde no se debe, de vehículos en doble fila esperando para entrar a un estacionamiento y 12 horas de bocinazos, y bocinazos, y bocinazos
Pero volvamos a la vereda, estrecho sitio donde la paciencia del ser humano es puesta a prueba día a día. Como si fuera poco el espacio para transitar uno siempre se encuentra con alguien vendiéndonos cosas. Desde los hippies con sus aritos y pulseritas hasta los buscas, capaces de vender todo tipo de chucherías: un día pelotas de fútbol, otro día muñequitos que caminan y otro día la agenda magnética.
Y ante su presencia, se avecina el tumulto, el hacinamiento de gente, el fastidio. Y entonces es cuando entran en acción los pungas. Vos no los ves, pero ahí están. Siempre listos, a al acecho, prestos a aprovechar cualquier amontonamiento para violarte un bolsillo. Y ahí se van, con tu billetera, tu celular, o lo que sea, incluso muchas veces sin que uno se de cuenta.
Y como si todo esto fuera poco, ha hecho su aparición un nuevo mal. Quizá su efecto no es tan temido pero el fastidio que genera es atroz. ¿A qué me refiero? Al agua que cae de los aires acondicionados. Yo se que nadie va a morir por unas gotas de agua en su camisa, en su saco, en su cabeza. Pero creo que tampoco ninguna empresa deberá cerrar sus puertas por hacer una correcta instalación del aire acondicionado, evitando que estos chorreen sobre la gente.
Todo contribuye a esa necesidad imperiosa e irrefrenable de huir cuando el reloj marca que ha llegado la hora. Y cuanto entonces llegan las 18 se desata el caos. Miles y miles de personas intentan escapar al mismo tiempo, colapsando todos los medios de transporte disponibles. Para quien no logra comprender lo caótico del momento imagínese la ruptura de un dique y miles y miles de litros de agua corriendo por un estrecho desfiladero. Arrasa con todo a su paso, nada será capaz de detenerla.
Y a este caos rutinario, habitual se pueden agregar aleatoriamente distintas variables, que empeorarán las condiciones hasta llevarlas al borde de lo tolerable, poniendo en riesgo el orden social adquirido. Si bien existen distintos factores que pueden jugar en esta ecuación hay dos que sobresalen del resto: piqueteros y paro de subte. Esos son los dos mayores dolores de cabeza que puede padecer el escapista del centro. Imprevistos o con aviso previo convierten al centro en un caos total, provocan superocupación de colectivos, trenes y taxis y aumentan el tiempo de regreso a casa en 50% aproximadamente.
Pero con el pasar del tiempo, de a poco uno se va acostumbrando a esto. Y si bien, como decía hace unos días, costumbre y gusto no es lo mismo, termina molestando un poco menos. Pero además de todo lo malo, uno de a poco va descubriendo los encantos del micro centro, y lentamente le va tomando cariño. Y es que el micro centro tiene lo suyo.
Te avivas que existe una combinación de tren-sulqui-colectivo-premetro-lomo de burro-subte que te permite ahorrarte 15 minutos de viaje, lo cual se traduce en 15 minutos más para dormir. Descubrís, también, que ligeras alteraciones en el horario de ingreso o egreso de la oficina puede redundar en disminuciones sustanciales del tiempo de viaje y en mayores comodidades.
Encontrás una gorda que vende unos sanguches de milanga en la esquina, mucho más ricos que los que vos pedías por delivery y que encima te cuestan mucho más baratos. Ubicás también un bolichito donde se come bueno y barato, que para redondear tiene unas mozas que están mas buenas que comer el pollo con la mano. Notas que el after office, evento social por excelencia de estos tiempos, tiene como epicentro unos barsitos del bajo, los cuales se encuentran equidistantes a solo 3 cuadras de la oficina. Eso te lleva a darte cuenta que una cerveza después del trabajo hace que el regreso a casa sea muchos mas ameno.
Recorrés la calle Florida. Hace un par de años símbolo de la decadencia menemista, hoy centro y valuarte de la Buenos Aires turística. Solo un par de cuadras te alcanzan para meterme en un mundo bilingüe y que cotiza en dólares y para cagarte de risa de cómo garcan un turista en cada esquina.
Florida es también refugio eterno de artistas callejeros. Algunos, como las estatuas, te aburren sobremanera y te preguntas que clase de gente es capaz de darle plata otra por el simple hecho de no hacer nada. (Aunque pensándolo bien, en Argentina tenemos miles y miles de empleados públicos a los que se les paga por no hacer nada). Otros hacen malabares, otros música. Cualquiera de estas cosas, que jamás hubieras observado en otro tiempo, hoy caen como anillo al dedo para escapar al menos unos minutos del trabajo y la maldita rutina.
Y así se pasan los días, entre corbatas y escotes como diría Wilfredo. Entre oficinistas y banqueros, empleados públicos y pibes del delivery. Así de a poco vas formando parte de esa fauna. Lentamente, sos uno más.
miércoles, 12 de diciembre de 2007
Por unas monedas
Pero no era de eso que quería hablar hoy. El tema del día es que me molesta sobremanera que los taxistas me duerman las monedas del vuelto de losviajes. Digamos, si mi viaje son 5,85 y pago con 10 pesos, quiero 4,15 de vuelto y no cuatro. Y no es por la plata, gracias a dios 15 centavos no me cambian lavida, sino por la actitud.
Si no tenés los 15 centavos, jodete y cobrame de menos. Y si los tenés e igual querés quedarte con mi plata, al menos intentá la mentira de "no tengo cambio, ¿te puedo deber los 15 centavos?". Y lo más probable es que yo termine dejándole los 15 centavos.
Pero que me los caguen así de una, descaradamente, me jode un poco.