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miércoles, 15 de julio de 2009

Otra de cal

Al gran paso que significó la adquisición de mi departamento (ver post anterior, no voy a linkear), out de todo se complace de anunciar que siguen las buenas nuevas. Tengo un nuevo trabajo y voy a dejar de laburar para estas ratas miserables.
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Me voy a trabajar a una casa de cambio, de la cual no voy revelar el nombre, no sea cosa que alguno googlee el nombre para buscar algo y termine acá. Solo puedo decir que representa para mi un interesante crecimiento laboral y económico.
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Y como vengo de racha, me tomo unos dias de vacaciones, mañana me voy a mardel hasta el domingo.
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Ya volveré con la magia que me caracteriza. Sepan disculpar pero tantos cambios me han mantenido poco creativo.
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No me extrañen.
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miércoles, 8 de abril de 2009

Escapate

Te levantás una mañana con ganas de irte un par de días a la mierda. Al rato, te enterás que tu hermano no va a usar tu carpa, esa que habías prometido prestarle. Y empezás a maquinar.
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Pensás que te vendrían bien unos dias de descanso en la playa. Aunque vos no sos así. A vos te gusta planificar, tener todo programado con antelación. Pero sabés que ella se pondría muy contenta, porque ella ama el mar, casi tanto como a vos.
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Le pedís el auto a papá. Le contás a ella y su sonrisa te llena el alma. Desesperás por armar el bolso y escaparte. Villa Gesell te espera.
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viernes, 20 de febrero de 2009

Cerrado por Vacaciones

Out de Todo informa que debido a las vacaciones del autor el presente blog permancerá cerrado desde el sábado 21 de febrero hasta el domingo 9 de marzo, inclusive.

Por si me quieren envidiar un poco les cuento que voy a estar por Caviahue, Villa Pehuenia, San Martin de los Andes y Villa La Angostura.

No extrañen.

Hasta pronto.

martes, 17 de febrero de 2009

Postales del Chubut

Tras mi maravillosa experiencia en Río Gallegos, mis obligaciones laborales me depararon un viaje de trabajo a Chubut. El tema arrancó mal desde el vamos, porque me corrieron la fecha para atrás y para adelante un par de veces, inclusive me habían postergado las vacaciones, pero finalmente terminamos viajando la semana que pasó y mis vacaciones quedan donde siempre estuvieron.
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Pero esto no es todo amigos. Resulta que nuestro destino era la ciudad de Rawson pero según me habían comentado antes de viajar (y según pude comprobar después) la ciudad está tan pero tan muerta que nuestro alojamiento fue en la ciudad de Trelew. Pero no nos adelantemos, que antes de llegar ya hubo otros contratiempos que hicieron presagiar uno de esos viajes tan tan pero tan chotos que uno espera que en cualquier momento salga el oso Arturo de atrás de un arbusto para decirte que todo es una joda de Tinelli.
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Como parece que mis viajes laborales están malditos, el aerocheque con el cual debíamos abonar nuestro vuelo jamás llegó, con lo cual el boludo que les escribe y su compañero de trabajo debieron apersonarse en las oficinas de aerolíneas a abonar dichos pasajes, no si antes desandar las seis o siete cuadras que los separan de allí, bajo el fatal verano de Buenos Aires. Debí darme cuente de que era una señal divina y bajarme de ese viaje con cualquier excusa. Debí habarme fracturado una gamba intencionalmente de ser necesario. Pero no lo supe ver.
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Pero el destino, que está en contra mío y se sabe, al menos seguía enviándome señales. Cuando llegué a Aeroparque a las cuatro y monedas de la mañana (si señores, me levante como a las tres porque nos sacaron un vuelo a las cinco pico de la matina los malaleche) y la señorita de Aerolíneas me dijo con su mejor cara de ogete “¿Tenés equipaje?” Vas a tener que aguardar porque no anda la cinta transportadora”, entonces si debí rajar. Raudamente debí arrojarme al Río de la Plata, y a nado, alcanzar una isla del Tigre deshabitada, quedarme ahí un par de días y después decir que me secuestró un OVNI (o un par de negros de alguna villa del conurbano, que es mucho mas creíble). Pero una vez más, se me escapó la tortuga.
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Después de unos minutos de espera, amenizados con la lectura del Dipló, pude despachar mi valija. Luego, el viaje fue un placer. Me acomodé en mi asiento y dormí como un bebé hasta Trelew. Creo que ni me enteré de cuando despegamos. Es mas, creo que podría haber seguido durmiendo aunque el viaje fuese hasta el Congo belga. Al llegar, remis y al hotel.
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Del hotel no puedo quejarme. No tendrá los gloriosos desayunos que disfrute en Río Gallegos, pero zafaba. La habitación era amplia, con buena vista, unos silloncitos y hasta heladera pero (siempre hay un pero) la cama estaba mas dura que Pity Alvarez (y eso a la larga traería consecuencias) y el wi-fi solo andaba en la planta baja. En cuanto a la ciudad de Trelew, te cumple para un viaje laboral. Sobre todo si te gusta timbrar, porque además de terrible casino, meten bingos y casas de lotería por todos lados.
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Llegado el momento de irnos para el cliente, preguntamos donde tomar el bondi a Rawson. Por suerte era cerca y el colectivo pasaba seguido pero también venían con un condimento especial. Resulta que había diferentes ramales, los cuales tomaban diferentes rutas o te dejaban en distintos puntos de Rawson (no muy lejos unos de otros porque en Rawson nada puede quedar lejos) con lo cual cada mañana era como leerte elije tu propia aventura, solo que nosotros no elegíamos nada y andábamos adivinando donde bajarnos.
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La “ciudad” de Rawson asombra por su limpieza y también por su tamaño. Jamás pensé que una capital de provincia podía ser tan tan chiquita. La gobernación parecía una escuelita de frontera. Obviamente acá las opciones para comer ya no eran tantas. Así terminé almorzando en un restaurante/rotiseria/mercadito/kiosco que encontramos, ingiriendo un sándwich de dudosa procedencia que finalmente haría estragos en mi salud y me condenaría a pasar todo el día martes cagando y vomitando.
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Repuesto de mi pequeño problemita, la semana se consumió con la agobiante rutina de horas y horas de incesante trabajo, haciéndose interminable no solo por lo arduas de las tareas sino por la terrible contractura producto de haberme pasado un día entero en esa cama que parecía el sarcófago de Tutankamon y por andar cargando mi notebook de acá para allá. Y para colmo, sin poder morfar como dios manda, que es uno de los pocos beneficios de viajar, porque todo viene pago.
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Mi vuelo de regreso no fue tan fructífero como a la ida, ya que me costó bastante mas conciliar el sueño, sin embargo mi humor no podía ser mejor, ya que mientras esperaba en el aeropuerto para embarcar disfruté de las cuatro pepas que le clavaron a Racing el viernes.
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Y ahora acá estoy, de regreso en Buenos Aires, con mucho trabajo y mucho por hacer también después. Porque el sábado vuelvo a partir hacia el sur, esta vez de vacaciones. Pero esa, es otra historia.
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viernes, 10 de octubre de 2008

Postales de Río Gallegos

Les dejo para que disfruten una serie de reflexiones, ideas, conclusiones, quejas y demás, que me ha dejado mi estadio en el sur.
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De movida el viaje arrancó mal. Cuando llegué a Ezeiza (por cierto, me podrían haber sacado un vuelo que saliera de Aeroparque) fui al baño y se me rompió el cierre del pantalón. Una boludez pensaran ustedes, pero fue mas complicado de lo que parecía. Había que cambiarlo y yo, obviamente, no sabía como hacerlo ni contaban con los elementos necesarios. Busqué un lugar donde cambiaran, cosa que no tardo mucho porque los negocios no abarcan más que tres cuadras. El problema es que los tipos abrían más tarde de lo que yo entraba a trabajar y cerraban más temprano. Para colmo, cerraban al medio día para almorzar, y no una horita, sino bastante más. Como consecuencia de esto, me tuve que arreglar con un solo traje los cuatro días. El problema sobrevino porque algunas de las camisas y corbatas disponibles no combinaban con el traje negro. Así que hubo que repetir alguna camisa y/o corbata para salir del paso.
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Y para seguir en racha, el vuelo salió con demora. Aunque teniendo en cuenta que fuimos por Aerolíneas y teniendo en cuenta los antecedentes recientes, tenemos que dar gracias de que haya salido. Y no fue demasiado, unos treinta minutos, pero con el sueño que yo tenía producto de haberme levantado a las dos de la mañana y el malhumor por el cierre roto, por un momento me sentí Tom Hanks en la película esa en la cual quedaba varado en el aeropuerto y de la cual no logro recordar el nombre. Para colmo, el boludo que se me sentó al lado en el avión jamás se quedó quieto, y me pateó como catorce veces en todo el vuelo.
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Y que decirles de la ciudad (bah, pueblito, pero a ellos les gusta decir ciudad). Río Gallegos es una ciudad horrible. Y cuando digo horrible, sepan que exagero. No tiene absolutamente nada a favor. El paisaje no dice nada, la ciudad menos. Hasta el riacho que tienen ahí y el paseo costero que hicieron es feo. Digan que por ahí hay bastante petróleo, sino tranquilamente se la tendríamos que dejar a los chilenos, que pobres, se están hundiendo en el pacífico.
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Y hablando de petróleo, el oro negro y los empleos que este genera, es lo que marca el pulso por aquellas latitudes. Y los precios de los comercios van atados a los sueldos de los petroleros. Los que labura en la industria petrolera y sus derivados ganan muy bien según dicen todos por allá. Y el que, se caga de hambre. Lo caro que está todo por dios. Menos mal que me pagaba todo el estudio porque sino creo que hubiese tenido que cenar día por medio.
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Y así como vengo, atando tema con tema, la cena es otro punto crucial en este viaje. Resulta que por el convenio entre el banco y el estudio, una de las dos comidas debía ser en el hotel. Y la comida no era mala, pero lo que demoraban. Y no me vengan con que en el interior hay otro ritmo de vida y todo eso. No pueden tardar quince minutos para traerte la carta, otros quince para tomarte el pedido y cuarenta y cinco para traerte la comida. Una locura. Al final pasaba más tiempo del día en el restaurante que en el banco.
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Y hablando del hotel, la habitación también tenía sus perlitas. Para comenzar, el lavatorio estaba afuera del baño, cosa que había visto bastante en telos pero poco en hoteles (¿será porque fui mas telos que a hoteles?). La cuestión es práctica a veces porque uno puede usar el lavatorio o el espejo mientras el baño está ocupado, pero esto no tenía demasiado sentido siendo que se trataba de una habitación individual. Pero lo que no tarde mucho en descubrir era que no siempre había sido individual, sino que escondía un pasado como habitación doble, cuando al intentar prender las lámparas que hacían las veces de velador, noté que la tecla estaba como a un metro de mi cama y había otra, a igual distancia, al otro lado.
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Pero no todo era malo en el hotel. Amé el desayuno. No hay nada más dañino para el estado anímico de una persona que tener que prepararse el desayuno. Nadie tiene ganas de hacer nada a esa hora de la mañana, y menos de perder quince minutos para hacer unas tostadas que se te terminan quemando mientras te hacías el nudo de la corbata. Pero tener el desayuno hecho es un placer celestial. Mas aún cuando consta de diversas bebidas y comestibles, y en cantidades abundantes.
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Y si un buen desayuno se acompaña con la lectura del diario, entonces uno está en el paraíso. Pero claro, algo tenía que fallar. Busqué Clarín pero no estaba. Comencé a malhumorarme al ver que tampoco estaba La Nación. Pensar en encontrar Página 12 era casi una utopía a esa altura. Estos desgraciados solo tenían los diarios locales. Y claro, razoné después, si viven a diez millones de kilómetros de la civilización. El diario les debe llegar como al medio día. Y no se imaginan lo que eran los diarios de allá. De que iban a hablar si en ese pueblo polvoriento no pasa nada, salvo el viento. Las tapas contenían noticias del tipo “Los bomberos asisten a un gato que sube a un árbol y después no sabe bajar” o “Ayer por la tarde un automovilista dejó el vehiculo mal estacionado en Av. Roca. Le habrían labrado una infracción”. Un embole total. Por suerte, al segundo día descubrí que los tipos no eran tan desgraciados como yo pensaba, y tenían wi-fi.
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Y como frutilla de postre, y cortesía de Austral Líneas Aéreas, para la vuelta a Buenos Aires me tocó un asiento que estaba roto y no se reclinaba. Y la reputístima madre que los re mil parió.
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