lunes, 24 de noviembre de 2008

El Melli Pregunta 4

¿Llegará alguna vez el día en que los jugadores de tenis se hagan machos, dejen de llorisquear porque el público hace ruido y se banquen jugar con griterio de fondo como hace el resto de los deportistas del mundo?
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jueves, 20 de noviembre de 2008

Que nunca te pase

Que nunca te pase que te subas una mañana al colectivo con todas las ganas de dormir los 50 minutos que separan tu casa con tu de tu trabajo y al lado tuyo se sienta un gordo que ocupa todo su asiento y la mitad del suyo y convierte el viaje en el peor de tu vida.
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lunes, 17 de noviembre de 2008

Blog de Notas 4

Dado que me encuentro en una época de escasa (mas bien nula) creatividad voy a reflotar en mi blog esta costumbre blogger de escribir un poco acerca de montón de cosas, pero sin profundizar demasiado en ninguna, que resulta ideal cuando uno no puede armar un post decente.

Y aquí vamos:

1) Me gusta los celulares sencillos, nada de música ni fotos. Para eso tengo mi cámara y mi reproductor de mp3. Eso si, un celular sin tapa no garpa nada.

2) Cualquier similitud entre el pacto CC-UCR y la alianza de Chupete, Chacho y la Meijide, no es pura coincidencia.

3) Me parece terriblemente pelotuda esta idea de poner cabinas en los colectivos para que los choferes queden a salvo de los chorros. ¿Y los pasajeros que onda, qué nos caguen robando?

4) Los hippies deberían empezar a preocuparse pues San Telmo está cada vez mas parecido a Palermo y lentamente se está llenando los tan palermitanos “restoranes de autor”, casas de ropa “de diseñador” y los fundamentales “locales de objetos”.

5) Me genera una excesiva bronca el hecho de que algunas líneas de colectivo tengan un servicio tan desastroso mientras que otras, por el mismo precio del boleto, te dan un servicio del primer mundo.

6) Y hablando de colectivos, debo expresar mi total admiración para aquellos choferes de la línea 132 que manejan esas colectivos nuevos, que tienen el doble de largo que los comunes y se articulan con un fuelle en el medio. Si a duras penas uno puede circular con el auto por el microcentro porteño en hora pico, imaginen la magia que hay que hacer para andar con uno de esos y no pegarle a nada/nadie.

7) Mi fisuré una mano jugando al fútbol. No me pusieron yeso pero me duele como la puta madre y además estoy condenado a un par de meses sin fútbol.

8) Ahora que el petróleo bajó de U$S 160 a U$S 60 estaría mas que bueno que baje la nafta pero como argentinos todos sabemos que eso nunca va a pasar.

9) Si a alguna le quedaban dudas de que este país ya no tiene ni un atisbo de seriedad puede reparar en el hecho de que el gordito fue designado como técnico de la selección nacional del fútbol por el corrupto de Don Julio, que siempre lo criticó pero que ahora echó mano del impresentable para ver si puede currar un par de años mas en la AFA.

10) Este blog se fue a la mierda pero sigo escribiendo igual porque me la banco.

jueves, 13 de noviembre de 2008

Reflexiones de Semáforo

Cuando me cruzo con uno de los tantos tipos de la ciudad que hacen malavares en los semáforos, puedo llegar a darle plata por dos motivos. Por un lado, porque es un pobre diablo, esta sucio, con ropa rota y no tiene ni dos mangos y si bien no se lo merece, le doy por lástima. Por otro lado, puede que el show, haya sido realmente bueno (y lo bueno, si breve, dos veces bueno) y entonces simplemente el tipo se ganó su guita.

Ahora bien, pedazo de hijo de puta que estás haciendo vaya uno a saber que en el semáforo de Rivadavia y Emilio Mitre, si es por mi, cagate bien de hambre. Estás vestido mucho mejor que yo y hacés un show patético. No te mereces ni las gracias. Hasta tendrías que pedir disculpas por molestar.

Y de paso, señores malabaristas, tengan en cuanta al programar su número la duración del rojo del semáforo. Sino, sucede que hacen un show de la puta madre pero cuando se quisieron acordar de pasar la gorra, yo y el resto de los que estábamos mirando ya estamos mas o menos a la altura de La Plata.

miércoles, 5 de noviembre de 2008

¡Al Fin!

Al fin votaron estos putos yankis. Al fin los diarios y canales de noticias van a dejar de bondardearme con una seria de datos que no me interesan, como el promedio escolar de Obama, la cantidad de funcionarios que despidió Sara Palin, cuantos tipos bajó Mc Cain en Vietnam o el estado clave de la elección.
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Y no me interesa porque es mas que evidente hace tiempo que el resultado de esta elección no iba cambiar nada para nosotros y ganase quien ganase nos iban a seguir cogiendo como lo hacen desde hace mucho tiempo. Quizá antes nos cogían sin pedir permiso, casi violándonos y ahora hasta logran convencernos de que está bueno.
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Pero al final de cuentas, la cosa no cambia, la seguimos teniendo adentro.
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martes, 4 de noviembre de 2008

Las cosas por su nombre

¿Por que le llaman parricidas a quienes matan a sus padres?
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A mi el término parricida me más a alguien que mató a otro, en una parrilla, tras una disputa por ver quien se comía el último pedazo de vacío o por ver si había que pinchar o no los chorizos antes de mandarlos al fuego.
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lunes, 20 de octubre de 2008

Siguiendo el hilo

Siguiendo el hilo temático comenzado a ayer, voy a seguir hablando de mi pelo.
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Y esta vez les voy a pedir un favor. Si alguno ve al tipo de la publicidad del Ford Focus, ese que puede "hacer que cambies una cosa de tu vida" y le pone pelo a Martín, diganlé que se pegue un vuelta por mi casa.
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A mi el Focus nuevo como que mucho no me cabe, pero un poco mas de pelo me vendría re bien.
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domingo, 19 de octubre de 2008

Fidelidad

Una de las relaciones sociales de mayor antiguedad en mi vida es con mi peluquero. A veces me gusta como me deja el pelo pero otras veces no tanto.
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Muchas veces pienso que debería cambiar de peluquero. Pero se que cuando cambie, hay mucho riesgo de que no me guste el corte y quiera volver al actual. Y si que entonces no podría hacerlo, me invadiría una sensación de engaño, de traición.
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miércoles, 15 de octubre de 2008

Edad de inimputabilidad

Hace poco tuve un altercado que me llevó a pensar en el siguiente asunto: ¿A qué edad una persona pasa a ser inimputable por ser anciana? ¿A que edad una hija de puta se convierte en una pobre vieja? ¿Existe realmente ese punto o todo es relativo y depende de la senilidad de la persona en cuestión?
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Todo esto bien a cuenta de que hace un par de semanas, cuando todavía mis días transcurrían en las atestadas calles de Buenos Aires, fui al cine y tuve una discusión con una señora / vieja chota. El altercado se originó porque la mujer en cuestión y su marido ocupaban los asientos que nos correspondían a mi y a mi novia. Le pedí a los señores que me cedieran mis asientos, con toda la cordialidad y educación que me caracteriza.
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El viejo, todo un pollerudo, no dijo nada mientras la vieja me contestaba en muy malos terminos que estaba todo el cine vacio, que me buscara otros asientos. Entonces, me armé de paciencia y le expliqué que los asientos eran numerados. Pero ella insistía. Entonces le comenté que si yo me sentaba en cualquier lado después me iban correr a mi y no quería pasar toda la película de mudanza en mudanza.
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La vieja empezó a tirarme respuestas irónicas mientras el viejo intentaba calmarla e intentaba hacerle entender que yo tenía razón. Mientras tanto, Vicky me pedía calma porque notaba que yo ya quería ponerle mi balde super-extra-jumbo de pochoclo como sombrero a la señora.
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Justo cuando la cosa se estaba poniendo dura, la vieja se dió por vencida ante mi insistencia y se retiró a pedido del marido, que mientras me pedía que le leyera las entradas para ver cual era su lugar. La vieja, mientras tanto, seguía con su ironía, y yo, saboreaba victorioso mis pochoclos.
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viernes, 10 de octubre de 2008

Postales de Río Gallegos

Les dejo para que disfruten una serie de reflexiones, ideas, conclusiones, quejas y demás, que me ha dejado mi estadio en el sur.
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De movida el viaje arrancó mal. Cuando llegué a Ezeiza (por cierto, me podrían haber sacado un vuelo que saliera de Aeroparque) fui al baño y se me rompió el cierre del pantalón. Una boludez pensaran ustedes, pero fue mas complicado de lo que parecía. Había que cambiarlo y yo, obviamente, no sabía como hacerlo ni contaban con los elementos necesarios. Busqué un lugar donde cambiaran, cosa que no tardo mucho porque los negocios no abarcan más que tres cuadras. El problema es que los tipos abrían más tarde de lo que yo entraba a trabajar y cerraban más temprano. Para colmo, cerraban al medio día para almorzar, y no una horita, sino bastante más. Como consecuencia de esto, me tuve que arreglar con un solo traje los cuatro días. El problema sobrevino porque algunas de las camisas y corbatas disponibles no combinaban con el traje negro. Así que hubo que repetir alguna camisa y/o corbata para salir del paso.
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Y para seguir en racha, el vuelo salió con demora. Aunque teniendo en cuenta que fuimos por Aerolíneas y teniendo en cuenta los antecedentes recientes, tenemos que dar gracias de que haya salido. Y no fue demasiado, unos treinta minutos, pero con el sueño que yo tenía producto de haberme levantado a las dos de la mañana y el malhumor por el cierre roto, por un momento me sentí Tom Hanks en la película esa en la cual quedaba varado en el aeropuerto y de la cual no logro recordar el nombre. Para colmo, el boludo que se me sentó al lado en el avión jamás se quedó quieto, y me pateó como catorce veces en todo el vuelo.
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Y que decirles de la ciudad (bah, pueblito, pero a ellos les gusta decir ciudad). Río Gallegos es una ciudad horrible. Y cuando digo horrible, sepan que exagero. No tiene absolutamente nada a favor. El paisaje no dice nada, la ciudad menos. Hasta el riacho que tienen ahí y el paseo costero que hicieron es feo. Digan que por ahí hay bastante petróleo, sino tranquilamente se la tendríamos que dejar a los chilenos, que pobres, se están hundiendo en el pacífico.
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Y hablando de petróleo, el oro negro y los empleos que este genera, es lo que marca el pulso por aquellas latitudes. Y los precios de los comercios van atados a los sueldos de los petroleros. Los que labura en la industria petrolera y sus derivados ganan muy bien según dicen todos por allá. Y el que, se caga de hambre. Lo caro que está todo por dios. Menos mal que me pagaba todo el estudio porque sino creo que hubiese tenido que cenar día por medio.
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Y así como vengo, atando tema con tema, la cena es otro punto crucial en este viaje. Resulta que por el convenio entre el banco y el estudio, una de las dos comidas debía ser en el hotel. Y la comida no era mala, pero lo que demoraban. Y no me vengan con que en el interior hay otro ritmo de vida y todo eso. No pueden tardar quince minutos para traerte la carta, otros quince para tomarte el pedido y cuarenta y cinco para traerte la comida. Una locura. Al final pasaba más tiempo del día en el restaurante que en el banco.
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Y hablando del hotel, la habitación también tenía sus perlitas. Para comenzar, el lavatorio estaba afuera del baño, cosa que había visto bastante en telos pero poco en hoteles (¿será porque fui mas telos que a hoteles?). La cuestión es práctica a veces porque uno puede usar el lavatorio o el espejo mientras el baño está ocupado, pero esto no tenía demasiado sentido siendo que se trataba de una habitación individual. Pero lo que no tarde mucho en descubrir era que no siempre había sido individual, sino que escondía un pasado como habitación doble, cuando al intentar prender las lámparas que hacían las veces de velador, noté que la tecla estaba como a un metro de mi cama y había otra, a igual distancia, al otro lado.
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Pero no todo era malo en el hotel. Amé el desayuno. No hay nada más dañino para el estado anímico de una persona que tener que prepararse el desayuno. Nadie tiene ganas de hacer nada a esa hora de la mañana, y menos de perder quince minutos para hacer unas tostadas que se te terminan quemando mientras te hacías el nudo de la corbata. Pero tener el desayuno hecho es un placer celestial. Mas aún cuando consta de diversas bebidas y comestibles, y en cantidades abundantes.
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Y si un buen desayuno se acompaña con la lectura del diario, entonces uno está en el paraíso. Pero claro, algo tenía que fallar. Busqué Clarín pero no estaba. Comencé a malhumorarme al ver que tampoco estaba La Nación. Pensar en encontrar Página 12 era casi una utopía a esa altura. Estos desgraciados solo tenían los diarios locales. Y claro, razoné después, si viven a diez millones de kilómetros de la civilización. El diario les debe llegar como al medio día. Y no se imaginan lo que eran los diarios de allá. De que iban a hablar si en ese pueblo polvoriento no pasa nada, salvo el viento. Las tapas contenían noticias del tipo “Los bomberos asisten a un gato que sube a un árbol y después no sabe bajar” o “Ayer por la tarde un automovilista dejó el vehiculo mal estacionado en Av. Roca. Le habrían labrado una infracción”. Un embole total. Por suerte, al segundo día descubrí que los tipos no eran tan desgraciados como yo pensaba, y tenían wi-fi.
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Y como frutilla de postre, y cortesía de Austral Líneas Aéreas, para la vuelta a Buenos Aires me tocó un asiento que estaba roto y no se reclinaba. Y la reputístima madre que los re mil parió.
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